viernes, 24 de mayo de 2024

El suicidio de Iván Arancibia, el profesor asesino

Fuente: Artículo, "Brutal suicidio del triple asesino de la prueba de aptitud académica", del periódico La Estrella de Valparaíso, edición N° 26.903, publicado el 29 de diciembre de 2011, páginas 1-3. Texto de Carla Olivares Rojas (colivares@estrellavalpo.cl). 

Brutal suicidio del triple asesino de la prueba de aptitud académica

12 años después del abominable crimen que conmovió a Valparaíso, el profesor Arancibia se quitó la vida asfixiándose con una bolsa.


Mientras estuvo hospitalizado, el profesor de física Iván Arancibia sólo recibía la visita de sus padres.

Con una bolsa en la cabeza el profesor Arancibia se suicidó: Hace cuatro años que vivía con sus padres. Ya había intentado quitarse la vida con anterioridad.

    "Asfixia por sofocación", esa fue la causa de la muerte del profesor de física Iván Jesús Arancibia Navarro, hoy de 59 años, quien se hizo tristemente conocido luego de que un 17 de diciembre del año 1999 - mientras se rendía la Prueba de Aptitud Académica - acabara con la vida de su hija Tamara de sólo 3 años; del director del Liceo B-29, Eliseo Nogué; del gerente de la Corporación Municipal de Valparaíso, Luis Inocencio y se descerrajara un tiro en la boca que lo dejó vivo, pero con serias secuelas.
    Luego de intentarlo en otras oportunidades, había decidido que el día martes 27 de diciembre a eso del mediodía - doce años y diez días después de los crímenes - , sería el día en que finalmente terminaría con el calvario que se inició cuando, a su juicio, había comenzado a recibir malos tratos e injusticias en su trabajo.
    En la mañana salió de la casa que compartía con su madre y su padrastro en el Pasaje Uno de la población Santa Rosa de Lima, en Nueva Aurora, y realizó algunos trámites, habría ido al banco. Una vez que él llegó al domicilio, sus padres lo dejaron solo. Oportunidad que aprovechó para realizar lo que tanto que- ría. Tomó una bolsa plástica de color blanco que había en la cocina y subió a una pieza ubicada en el segundo piso de la vivienda donde tenía una camilla especial para realizar masajes. Metió su cabeza en ella, ató la bolsa a su cuello y el aire le comenzó a faltar hasta que dio el último suspiro. El profesor Arancibia acababa con su vida.
    Fueron los progenitores quienes encontraron el cuerpo a eso de las 13.00 horas cuando subieron a buscarlo para almorzar. Ellos sabían que era cosa de tiempo. 
    Cerca de las 15.00 horas el fiscal de turno, Lionel González, dispuso que concurriera al lugar funcionarios de la Brigada de Homicidios de la PDI quienes constataron que no había participación de terceros en la muerte del profesor.

"Causaba un poco de recelo en la gente. No hablaba mucho, era como ido y siempre estaba solo.
- Juan Carlos Insunza vecino del triple homicida

En el Servicio Médico Legal

    El cuerpo del profesor Iván Arancibia no fue retirado por sus familiares de las dependencias del Servicio Médico Legal de Valparaíso donde se realizó la autopsia.
    Ayer por la tarde, un equipo del diario La Estrella se apostó en el lugar, sin embargo, hasta las 17.00 horas cuando termina la en- trega de cuerpos, el docente permanecía en el lugar. Una vez que sus padres retiren los restos, será trasladado a la parroquia San Rafael de Agua Santa, iglesia a la que pertenecian Norma y Sergio, sus católicos padres.

Cuatro años en casa

    Cuando ocurrieron los crímenes, el profesor Iván Arancibia fue internado en la Unidad de Cuidados Especiales del Hospital Siquiátrico del Salvador, en Playa Ancha. Ese era su hogar cuando se dio a conocer que el tribunal había sobreseído al triple homicida por ser inimputable al padecer de una sicosis paranoidea y al momento de cometer los crímenes lo hizo mentalmente enajenado. Ahí estuvo siendo atendido hasta el año 2004 cuando ingresó al hospital Siquiátrico de Putaendo para mayor seguridad.
Hasta el 2007 estuvo internado en ese lugar con el diagnóstico de esquizofrenia, fue dado de alta y se fue a vivir con su madre Norma y su padrastro Sergio, sin embargo, los controles médicos continuaron hasta septiembre de este año cuando visitó por última vez el centro asistencial de Putaendo, puesto que había desarrollado un cuadro de demencia por daño orgánico.

Saludaba a todos

    En la población Santa Rosa de Lima era habitual verlo caminando solo, muy serio, impávido y sin expresión son en el rostro. Siempre saludaba, pero nunca volvió a ser el mismo. "El cambió cuando llegó de Suecia en 1989", dijo una vecina. "A veces venía a comprar y saludaba, pero Como que no nos conocía, aunque sus papás decían que él nos recordaba a todos, además que causaba un poco de recelo en la gente. No hablaba mucho, era como ido y siempre estaba solo, sin pareja", dijo Juan Carlos Insulza, dueño de un almacén del sector. 
    Gabriela Aguilar lo conocía desde pequeño, tenía unos doce años cuando se vieron por primera vez y conoció la historia familiar del profesor que sufrió su primer quiebre emocional cuando sus padres se separaron y su madre conformó una nueva familia.
    "Iván era regalón de sus padres y de sus abuelos maternos. Norma más tarde se separó, se volvió a casar y tuvo a otro niño. Ahí él perdió la atención, se sintió rechazado por su hermano y hubo muchas discusiones porque Iván era violento con su hermano y parece que hasta fue tratado por un especialista, entonces el niño tenía algo que venía de su infancia. Años después el hermano se casó y se separó y no pudo soportar la separación con su esposa y también se suicidó", dijo la señora Gabriela.

La última vez

    Juan Carlos Insulza lo vio la semana pasada por última vez cuando fue a comprar un almuerzo, le regateó el precio y quiso ingresar al domicilio al comedor, pero no se lo permitieron. Aunque no fue agresivo, siempre fue muy serio.
    La señora Gabriela lo vio el lunes, se saludaron cariñosamente y conversaron un rato. "Estaba bien porque en la casa estaba una prima con niños chicos y me saludó muy cariñoso". 
    El profesor Iván Jesús Arancibia Navarro dejó una carta de despedida a sus padres donde explicaba los motivos del suicidio. Nunca se perdonó matar a su pequeña hija aquel 17 de diciembre de 1999.
    Además les dejó algo de dinero que tenía guardado, dinero que ahorraba sagradamente de la pensión que recibía.

"Estaba bien porque en la casa estaba una prima con niños chicos y me saludó muy cariñoso."
- Gabriela Aguilar vecina del profesor Iván Arancibia Navarro. 


En una habitación del segundo piso de la vivienda fue encontrado el cuerpo sin vida.

La historia del crimen que conmovió al país

    El jueves 16 de diciembre de 1999, un día antes de cometer los crímenes, el profesor de física Iván Arancibia Navarro, de 47 años, concurrió hasta la crónica del Diario La Estrella de Valparaíso y se entrevistó con el periodista Guillermo Jofré a quien le comentó que venía a denunciar malos tratos por parte de la Corporación Municipal de Educación de Valparaíso, ya que des- de septiembre de ese año que no podía trabajar como profesor de Física por- que los alumnos lo habían vetado. Venía de Suecia con algunos cursos de Teoría de Sistemas y era muy exigente, algo que los alumnos no toleraron. An- tes de retirarse el periodista le preguntó a qué liceo se refería, "ya lo va usted a descubrir", dijo antes de ir irse serio y muy calmado.

El día del crimen

    El día siguiente a las 11.05 de la mañana salió de su casa de la mano de su hija Tamara, armado con una pistola Lordism 7.65 mm. y dos cargadores de cinco balas cada uno que transportaba en una bolsa de terciopelo negra. 
    En primer lugar fue a la dirección del Liceo B-29, abrió la puerta y enfrentó a Eliseo Nogué, director del establecimiento. Sentó a su hijita en una silla, sacó la pistola y le disparó en dos oportunidades, una vez en el pecho y otra en la frente. Luego se dirigió al profesor Nogué y apretó cuatro veces el gatillo. La última bala fue directo a su cabeza.
    A ocho cuadras estaba la oficina del profesor Luis Inocencio, director de Educación de la Corporación Municipal. Arancibia fue caminando y con su pistola en la mano. Ingresó a las dependencias e incluso algunas mujeres gritaron al ver la pistola, pero a él nada lo detuvo. Fue hasta la oficina de Inocencio y disparó de inmediato. Su tercera víctima caía herido de muerte al suelo. 
    Luego se dirigió hasta el despacho del gerente de la Corporación, Víctor Quezada y lo apuntó en la frente, pero le quedaba una sola bala en el cargador, es que tomó la pistola automática con sus dos manos, la introdujo en su bo- ca y disparó. Los gritos se hicieron ensordecedores, sin embargo, Iván Jesús Arancibia Navarro quedó con vida cargando con tres muertes en su conciencia durante 12 largos años.

Con la bala

    Fue por unos milímetros que Arancibia no se despedazó el cerebro con el disparo en la boca. La bala se alojó en su cabeza y ahí se mantuvo durante todo este tiempo, como un triste y horrendo recuerdo del crimen que conmocionó a toda una ciudad y un país.


El profesor Arancibia murió a los 59 años.

Notas del transcriptor:
  • Lionel González González es un fiscal adjunto de la Fiscalía Local de Valparaíso
  • "Sicosis paranoidea" realmente se refiere a psicosis paranoica.

viernes, 17 de mayo de 2024

La trágica historia de Francisco Tiznado, el niño suicida

Fuente: Artículo, "¿Por qué se mató Panchulo?", de la revista Vea, edición N° 1.581, publicada el 2 de octubre de 1969, páginas 24-25. Texto de Hernán Norambuena. Fotos de Bibí de Vicenzi.

¿Por qué se mató Panchulo?

    Francisco Tiznado, de 11 años, puso fin a la cadena de tragedias que oprimía su corta existencia, colgándose de los andamios de un parrón. El padre estaba cesante y su madre había abandonado el hogar; Antes de adoptar la trágica decisión, lloró por ella. 

Dos de los cinco hermanos de "Panchulo": El pequeño tiene tres años, pero representa uno.

    Una mañana, lo encontraron muerto, ahorcado, en el fondo del patio de la casa de su abuela. Pendía de una estructura del parrón, colgado de un cordel, en macabra posición. Desde lejos, parecía un signo interrogante, con el extraño ovillo humano formado por su cuerpo flaco y desnutrido, mal vestido, cubierto con harapos. Nadie iba a creer que un niño de once años buscaría el suicidio como lenitivo a su intensa amargura. Pero fue así. Francisco Javier Tiznado Pizarro se mató a la edad en que florecen las diabluras, entretenimientos y juegos. Un hermano, de siete años, lo encontró colgando y, pensando en sus payasadas anteriores, remeció el cadáver, mientras invitaba a un partido de dominó. Extrañado, tiró del nudo rosa del cordel y el cuerpo fláccido cayó a tierra. Sólo entonces el autor del hallazgo entendió que algo raro ocurría y corrió a dar aviso. "¡El Panchulo se mató!...", fue el grito que salió de la casita de calle Sergio Valdovinos 1389, y sobrecogió a todo el vecindario. El suicidio hizo salir a flote el eterno problema de la niñez huérfana de cariño y afecto, de los matrimonios mal constituidos, dos canales que alimentan la vagancia infantil, esa que duerme en las calles abrigándose con el tibio pelaje de un perro.
    Quemante duda dejó el niño de once años que se ahorcó en el patio de su casa. La madre abandonó el hogar hace dos años y el padre está cesante. Seis hermanos del suicida están famélicos y descuidados. Hicieron colecta para poder sepultar los restos de Panchulo.

El abuelo y un tío observan el parrón desde el cual se colgó Panchulo.

La mayor de los hermanos, Francia, indica el lugar y el cajón que utilizó el niño para quitarse la vida.

¿Por qué se mató Panchulo?

    Hay varias respuestas. Una, que la madre, Berta Pizarro Ortiz, abandonó el hogar dejando tras sí a sus siete hijos: Albina, de un año; Ruthi, de cuatro; Joaquín, cinco; Susana, ocho; Francisco, nueve, y Francia, diez. Sobre el móvil del abandono opinan los vecinos: "Aburrida del zángano de su marido, que nunca trabaja"; "Cansada de los malos tratos, de la miseria"; "Se fue con otro hombre y tiene una guagua". Se desconoce su actual paradero, quizás ni se entere de que su hijo Panchulo se suicidó pensando en ella. Porque hay una cosa cierta, el niño-suicida nunca se conformó con la ausencia de su madre.
    Hace dos años que se fue del hogar Berta Pizarro Ortiz. Se sabe que es mujer trabajadora, hija de un mecánico. Entonces Francisco Jaime tenía nueve años y la falta de atención hizo que dejara de concurrir a clases en la Escuela Pública N° 192, en José Joaquín Pérez y Molina Lavín. Todo su tiempo lo dedicó a recorrer las calles, atisbando el rostro de las mujeres, a ver si encontraba a la desaparecida. Alguien le dijo que su madre estaba vendiendo pescado frito en el sector de la Estación Mapocho.
    Panchulo hizo guardia día y noche y lo único que logró fue una cantidad de amigos vagos que se esconden a pernoctar bajo los puentes del Mapocho. Al final, desesperado, volvió a Quinta Normal, San Pablo abajo, en la frontera con Las Barrancas. Por allí lo vieron taciturno, triste y melancólico. En sus rachas alegres jugaba con sus hermanos. Otras veces se iba a los boliches y llegaba a casa totalmente borracho. Vagando por las calles lo encontraron carabineros y lo llevaron preso. En otra oportunidad se apoderó de herramientas de obreros municipales y volvió a tener líos con la policía.

Terrible decisión

    Un tío del muchacho hace recuerdos: "Panchulo era un niño despierto, avivado, fuera de lo común. Iba a ver una película de "Tarzán" y se creía el hombre-mono; otras veces "Batman" o "Django". Subía y bajaba de los microbuses sobrecorriendo". La última noche de su vida estuvo bebiendo en un negocio de calle San Pablo. Después se fue al Matadero Municipal de Las Barrancas y observó la faena de matanza. La vista de la sangre y el bárbaro espectáculo lo hicieron llegar más triste que a la casa. Ni siquiera prestó atención a sus hermanos que jugaban dominó acostados en cama. Se dirigió al fondo del patio, se apoderó de un cordel que ató a una viga, se anudó la punta en el cuello y con el pie dio un empellón a un pequeño cajón. Eran las siete de la mañana y dos horas después su hermano Joaquín sacudía su cuerpo, invitándolo a un partido de dominó. La hermana del suicida, Francia, de doce años, señala que en una oportunidad un perro mordió a Francisco Jaime y médicos prestaron auxilio al muchacho mediante inyecciones. Pero solamente se colocó tres unidades y los amigos que se enteraron manifestaron que se volvería loco por desechar el tratamiento antirrábico. ¿Influyó esta predicción en su ánimo, ya alterado?

La madre no volvió

    Los demás hermanos se miran las caras. Todos tienen dos o tres años menos del físico común en niños de su misma edad. La menor, de tres, representa un año.
    ¿Piensan ustedes en su madre, al igual que Panchulo?
    "No” - dicen los niños -. Cuando nos acordamos de ella le echamos un par de garabatos." Para enterrar a Panchulo, vecinos corrieron una colecta. En el entierro estuvieron presentes el zapatero Hugo, al que siempre hizo las compras el desaparecido, y Juan Carlos, un niño de once años, vecino del pequeño extinto. ¿La madre?, ni luces.
    Las críticas de los vecinos alcanzaron al padre del menor suicida. Se reprochan a Francisco Tiznado Gallardo sus zapatos de gamuza, un beatle subido y otras prendas elegantes. En cambio, el pequeño Panchulo bajó a la fosa con su destrozado pantalón de mezclilla y un paletó que no era de él. Del pasado de Panchulo sólo queda una cruz, con nombre y fecha en que fue enterrado.
    Y como Panchulo era un niño pobre, jamás tuvo dinero para una fotografía, Sólo sus conocidos recordarán su rostro, su figura. Muerto logró la primera foto de su vida, ésa que jamás conocerá, en ella cuelga como signo interrogante: ¿Por qué se mató Panchulo?

El niño suicida, Francisco Jaime Tiznado. El grabado es la primera y última foto de Panchulo. Jamás tuvo dinero para tomarse una y hacerla llegar a su madre. Policías examinan el sitio del suceso.

viernes, 3 de mayo de 2024

El fallo que le salvó la vida al sextuple homicida de Pupunahue

Este artículo ha sido escaneado, transcrito y subido a este blog para fines de preservación textual y fotográfica, sin intención de ingringir derechos de autor, por lo cual la publicación no ha sido modificada, aparte de unas correcciones ortográficas menores. 

Fuente: Artículo, "Choque de poderes salvó al hombre de Pupunahue", de la revista Ercilla, edición N° 1.204, publicada el 17 de junio de 1958. 

Choque de poderes salvó al hombre de Pupunahue

    El reo Roldán Concha tuvo dos inesperados hechos en su favor cuando todo hacía prever su ajusticiamiento ante el pelotón de fusileros. Primero, la favorable intervención del delegado uruguayo Luis Carballa en la Comisión de Derechos Humanos que sesionó en Santiago bajo la tutela de la NU y del Gobierno chileno. Segundo, la negativa de la Corte Suprema para que Roldán fuera trasladado por 48 horas a la capital para ser examinado por psiquiatras. La petición la hizo el Ministro de Justicia, Luis Octavio Reyes, basándose en las argumentaciones de la buena moza abogada Mireya Tasso - ardiente defensora del criminal -. Esta argumenta que Concha era un "enajenado mental" y un "introvertido". 

Choque de poderes

    La Corte Suprema que ya había condenado a muerte a Roldán, confirmando los fallos de primera y segunda instancia en Valdivia. Se colocó en franca divergenci con el Ejecutivo y respondió que no existían antecedentes para pensar que el homicida estuviera enajenado. Después vino la conmutación de pena.
    Pero lo que fue un triunfo judicial para la atrayente Mireya Tasso y un nuevo qhoque entre dos poderes: El judicial y el ejecutivo. Oculta el caso criminal más horroroso del siglo. En Chile oficialmente podría encontrarse gemelo. Escuetamente, los hechos sucedieron así:
    Alrededor de las 9 de la noche, el minero José Misael Roldán Concha (27), soltero, en libertad condicial luego de cimplir condena de 4 años por el asesinato de Feliciano Carvajal, llegó al hogar de Custodio Gómez Chacón, ausente en ese momento. En la casa ubicada en el mineral de Pupunahue, vecino a Antilhue, mil 500 habitantes, y a sólo 35 kilómetros de Valdivia quedaban su esposa Laura y sus 6 hijos. Roldán Concha ofreció comprar naranjas y repollos, que le fueron negados. Enfurecido, saltó la ventana armado de un fierro, golpeándo a Laura (la esposa) hasta ultimarla. Luego, la ultrajó, procediendo finalmente a golpear salvajemente a los menores: Minerva (14), Víctor Custodio (10), María (7), Ernesto Rubén (5) y Teolinda (1), todos los cuales fallecieron. De los hijos de Custodio Gómez sólo salvo milagrosamente ocultándose bajo una cama, la menor Nora (13), que fue única testigo del horroroso suceso. Tranquilamente, Roldán Concha se lavó las manos, limpió el instrumento del delito,y robó algunas prendas del dueño de casa, para luego regresar a su vivienda en la mina de Pupunahue. Una hora después, teniendo aún manchas de sangre en su ropa, carabineros del retén de Antilhue lo arrestaron bajo los cargos de "homicidio, violación y hurto".

"Me porté bien"

    La Justicia procedió rápidamente. No hubo dudas legales en cuanto a la culpabilidad del criminal. Custodio Gómez, resgunado a la espantosa tragedia que truncó su familia, no tomó abogado acusador porque esperó la pena de muerte para Roldán Concha. 
    El pasado jueves, el Secretario del Segundo Juzgado de Letras de Valdivia, Samuel Rodríguez López leyó la comutación de la pena capital al impasible reo Roldán Concha. Con las manos en los bolsillos, sólo se limitó a contestar:
    - Siempre me he portado bien, señor.
    Estremecidos, los asistentes al acto debieron preguntarse que habría pasado si Roldán Concha se hubiera portado mal. Al salir, el criminal dejó entrever el estado de su conciencia cuando un reportero le preguntó si sentía remordimientos. Concha lo miró fríamente y contestó:
    - En realidad no me molesta para dormir, sino de vez en cuando.
    Ahora Roldán será trasladado a la Pentienciaria de Santiago. 

Reo Roldán después de la conmutación. 

Roce entre tribunales y el ejecutivo le conmutó pena

    El pasado jueves a las 12, en la lluviosa Valdivia, se cerró un capítulo policial que bien podría figurar en la dramática novela "Sala del Jurado", de Quentin Reynolds. En 6 minutos de lectora, José Roldán Concha, conocido como el "Chacal de Pupunahue", supo que luego de asesinar de 6 personas podría morir de viejo tras las rejas de la Penitenciaria. De un plumazo, CIC; haciendo uso del art. 72, N° 12 de la Constitución la conmutó la pena capital por la de presidio perpetuo.

Portada.

viernes, 1 de marzo de 2024

Madre asesina a sus dos hijos antes de suicidarse

Advertencia: Fotos de contenido gráfico. 

Este artículo ha sido adquirido, escaneado, transcrito y subido a este blog para fines de archivo textual y fotográfico, sin intención de derechos de autor, por lo cual la publicación no ha sido modificada, aparte de unas correcciones ortográficas menores. Cuenta la historia de un doble parricidio con suicidio ocurrido en medio de un brote de nervios en 1970 en Calama.

Fuente: Artículo, "Sangrienta tragedia estremece a Calama: Mató a sus dos hijos y luego se suicidó", de la revista Vea, edición N° 1.600, publicada el 29 de enero de 1970. Texto de José Hernández. 

Mató a sus dos hijos y luego se suicidó

    Calama: Como todos los días, al término de su jornada de trabajo en la Empresa Minera Chuquicamata, Uberlindo Cordero Cordero regresaba a su hogar con paso cansino. Iba pensando en la ropa que tenía que comprarles a sus hijos y en lo nerviosa que estaba su mujer en los últimos días.
    Cuando ya estaba cerca de su casa, en calle España 3452, un detalle le llamó la atención: los niños no venían a su encuentro. "Deben haber salido de compras con la Mariela", pensó. Y siguió caminando.
    Abrió la puerta y se encontró con un pesado silencio. Comió algo en la cocina y se dispuso a leer el diario que llevaba en el bolsillo, esperando la llegada de sus seres queridos.
    Pero pasaron los minutos sin que llegaran su mujer ni sus hijos. Un poco preocupado, salió a la calle para ver si los divisaba. Las primeras sombras de la noche caían sobre las casas, pero la silueta familiar de Mariela Carvajal, su compañera, no se divisaba por ninguna parte.
    Uberlindo Cordero entró nuevamente a su casa. Y, guiado por una siniestra corazonada, encaminó sus pasos hacia el dormitorio.
    Allí lo esperaba una escena tan pavorosa que el hombre creyó ser víctima de una pesadilla. En las dos camas, casi juntas, estaban su esposa, de 24 años, y sus hijos Solange, de tres años y medio, y Ronald, de un año y cuatro meses. Los rostros de los tres estaban bañados en sangre.
    Despavorido, Uberlindo Cordero abandonó la habitación y salió hacia la calle, Sus vecinos lo vie- ron corriendo en dirección a la Comisaria mientras gritaba con los ojos desorbitados: "¡Están todos muertos, están todos muertos!"
    Minutos más tarde llegaban los Carabineros al sangriento escenario. Allí comprobaron que las tres muertes fueron provocadas por los disparos de una pistola calibre 22, que se encontraba en una de las camas, muy cerca de la mano derecha de Mariela Carvajal Reygadas. El hecho de que los tres cadáveres estuvieran vestidos con ropas de dormir hizo suponer que la tragedia se había desencadenado entre las siete y las ocho de la tarde.
    La autopsia de los cadáveres, efectuada en el Hospital Carlos Cisternas, de esta ciudad, ratificó la primera impresión de los policías: los niños y la mujer murieron instantáneamente a causa de dis- paros efectuados a flor de piel, en la región parietal. Se trataba de un suicidio y dos parricidios.
    Investigaciones policiales realizadas más tarde comprobaron que Mariela Carvajal Reygadas sufría de agudas crisis nerviosas en las últimas semanas, lo que fue ratificado por los vecinos del matrimo- nio. Pero todos se mostraron sorprendidos por la tragedia, ya que la pareja, "aparte de los nervios de la señora, vivía en completa armonía". Agregaron que nadie había escuchado disparos.


El arma trágica.

    VEA conversó con Uberlindo Cordero al día siguiente de la tragedia. Al borde de la desesperación y con los ojos fijos en un punto indefinido, murmuró:

    No sé. No me explico por qué ha ocurrido todo esto. El nuestro era un hogar sin problemas. Mariela era feliz conmigo y yo estaba contento con ella. Tampoco teníamos dificultades económicas. Yo tengo un buen trabajo y podía satisfacer todas las necesidades de mi mujer y mis hijos.

    Sólo queda una explicación: el estado nervioso en que se encontraba Mariela Carvajal. Pero aún falta establecer por qué estaba tan nerviosa que fue capaz de matar a sus hijos y luego suicidarse.


De izquierda a derecha: Ronald (de un año y cuatro meses) y Solange (de tres años y medio).


Mariela Carvajal R., víctima de suicidio.

viernes, 23 de febrero de 2024

Archivo de fotos de Óscar López Rodríguez, el "Monstruo de Lolol"

Los crímenes de don Óscar Segundo López Rodríguez ya están bien documentados en el internet, por lo cual no serán narrados. Acá solo se archivan y recopilan todas las fotos disponible del "Monstruo de Lolol", en orden cronológico (en cuanto posible). He intentado mejorar su calidad con edición manual y una herramienta IA cuando posible.


La foto de mejor calidad disponible, y la única que muestra detalles de su cara. Lo más probable es que es una foto archivo del Registro Civil de Chile, usado en su carnet. Se nota su barbilla y largo moño, una posible referencia jesuita a sus delusiones mesiánicas.




Ambas estas fotos fueron tomadas en abril de 2012 para un artículo publicado para el diario local "El Mundo Rural" relatando su habilidad de andar en bicicleta con su perro copiloto. 


Versiones no recortadas de dos de la fotos anteriores. Desafortunadamente, no se encuentran disponibles en una calidad más alta.


La foto más icónica, hasta usada en su entrada de Wikipedia. Atrás de el se ve Edmundo Sepúlveda Marambio, en ese entonces editor de "El Mundo Rural", quien falleció en septiembre de 2014.



viernes, 16 de febrero de 2024

Un caso sin culpables: La historia de Ju-Eun Cho, la coreana descuartizada en La Dehesa


Ju-Eun Cho, la desafortunada protagonista de un homicidio sin culpables.

    A mediados del año 1990, en Recoleta, la secretaria Amalia Romero Barros (27) se subió a un taxi. Ahí ve a una mujer joven de rasgos orientales, algo no tan común en Chile. Ambas tomaron el mismo taxi de vuelta a casa. La mujer iba alterada, en un momento asustando de Amalia antes de disculparse por su comportamiento de mala educación. Además, se introduce. La joven, Ju-Eun Cho (24), también es una secretaría, y además trabajadora de la embajada de Corea del Sur. Amalia le preguntó como hablaba español tan avanzado, con lo cual la asiática le respondió: "Porque soy chilena, igual que tú". Al acercase a su destino, le reveló que vivía en un apartamento propiedad de la institución donde trabajaba. Al llegar a su casa, Amalia se olvidó de este encuentro, sin darle mayor importancia. 

    Un par de días después, Amalia pasó por coincidencia al lado de la embajada de Corea del Sur, ubicada en Las Condes, y decidió darle una visita a la joven Ju-Eun. Tras esperar unos quince o veinte minutos, la alcanzó a ver otra vez, sorprendida por la visita de su nueva amiga. Al preguntarle si la estaba molestando, la coreana le contó que andaba muy ocupada; Tenía que timbrar más de quinientos pasaportes esa tarde, pero quedaron en juntarse para almorzar juntas el día siguiente. En esa cita, Amalia le contó sobre un trama personal. La habían despedido de su trabajo anterior por tener una relación íntima con un colega y había quedado cesante estos últimos meses. Al enterarse que la mujer tenía conocimientos de Inglés, le ofreció conseguirle un trabajo temporal como recepcionista en la misma embajada. 

    Durante las próximas semanas, las dos trabajadoras se hicieron amigas. Amalia aprendió sobre como el padre de Ju-Eun trabajaba en Arica como comerciante, y como ella pasaba su tiempo libre buscando mercadería en varias tiendas para mandársela por encomienda para que la revendiera. Amalia relata que la trabajadora oriental fue su primera amiga de adulta, y que compartieron una relación amistosa profunda. Salían juntas, iban al cine juntas, hasta planeaban vivir juntas en un apartamento; Ju-Eun buscaba mudarse del apartamento municipal (el cual compartía con varias otras mujeres) y Amalia buscaba alejarse de su madre, a veces descrita como una mujer dominante. Sus sueños se acercaban más y más; Pronto serían mujeres verdaderamente económicamente independientes. Pero todo eso cambió cuando la pareja conoció a Eduardo.

    Eduardo Belmar, un santiaguino, se hizo amigo de las mujeres en un bar, impresionándolas con su ocupación de médico. Más aún, uno de sus familiares trabajaba como abogado, especializado en el área de propiedades; Sería perfecto para conseguirles una vivienda. Varias semanas después, los invitó a ambas a restaurante, asegurando que lo iba a acompañar un amigo. Vino solo, molestando a Amalia. De Mientras la noche avanzaba, Ju-Eun invitó a Eduardo a bailar. Un tiempo después, vuelve a su amiga Amalia, enojada sin razón alguna. Los obliga a pagar y se van a su casa, sin explicar su aparente molestia ante Eduardo.

    De ahí, Eduardo y Ju-Eun tendrían una relación misteriosa. El iría más y más seguido a ir a visitarla en su oficina. A veces salía contento, a veces enojado, a veces indiferente. Ju-Eun se negó a contarle de qué se trataban las conversaciones realizadas en su espacio de trabajo. Los temas y emociones que ocurrieron ahí se han perdido con la historia. Ju-Eun cambió su actitud frente a Amalia; Salía menos y menos con ellas, a veces irían a una cena y se negaría a comer. Tomó una actitud más callada, introvertida. En un momento, ella le confió a Amalia que Eduardo "no confiaba" en su amistad y que buscaba separarlas.

    El 26 de abril de 1991, Ju-Eun fue vista con vida por última vez por su amiga Amalia mientras salía de su trabajo de empleada. Meses después, pruebas de ADN comprobarían que el cuerpo descuartizado encontrado en La Dehesa poco tiempo después era el de ella. Durante una investigación póstuma, se interceptó una carta escrita en secreto de Eduardo para Amalia en octubre de 1991. Habían tenido un romance en secreto:

¿Hace cuánto tiempo que no te abrazo? Creo que la última vez que fui a Santiago fue en junio, a fines. Y tan poquito rato que estuvimos. Pero qué importa este esfuerzo pata estar juntos, si va a ser para toda nuestras vidas. Eso es lo que quiero; morirme al lado tuyo, aunque suene de teleserie. A veces me desespero, porque nos tenemos que cambiar de escondite a cada rato y no es fácil encontrar lugares para escondernos y más encima tratando de que no se nota. Nos ha costado mucho. Pero ya se va a arreglar todo y nadie va a estar en peligro.

    Pero lo más curioso de la carta era un segmento refiriéndose a un "trabajo" que hizo Eduardo, por el cual busca ser recompensado a través de amenazas violentas: 

Preciosa, no te olvides pasar a cobrarles la plata por el trabajo a esas minas de la casa blanca en La Dehesa, Tu mamá sabe la dirección. Amenázalas con mandar un anónimo a sus madres si no te sueltan la plata. Ellas ya están sanitas, como nuevas, sin dolor ni trámite. Mándamela toda, que tu mamá no se deje nada, a ella ya le pagaron. Si no las ubicas, pregúntale al Juan, él va todos los viernes en la tarde al bar de Suecia. Manda la plata como siempre por giro postal al nombre que te di y al Banco Santander de Valdivia. 

    Rumores han volado. Algunos dicen que tenía líos con la mafia, que su novio coreano se había escapado del país el día después del crimen, que Eduardo era un sicario, ninguno de estos confirmados. Investigaciones alcanzó a interrogar a Amalia y a su madre; Ambas contaron sobre la corta amistad que tuvo con la coreana, sin alzar sospecha alguna. Eduardo no pudo ser ubicado para un interrogatorio formal.

    Hasta hoy en día, es considerado un caso frío. No han habido detenidos ni imputados.

Fuentes: 

  • Libro: "El crimen de escribir", Editorial Planeta, noviembre de 1998, capítulo "El corazón coreano", pp. 109-127. Escrito por Carolina Díaz Toro.
  • Artículo: "Descuartizada de La Dehesa es la coreana Ju Eun Cho", La Tercera, 31 de octubre de 1991, p. 33
Nota: En los nombres coreanos, el apellido (en este caso "Cho") vendría primero. Esta redacción usa el occidental de nombres, ubicando el "Cho" al final del nombre del protagonista de esta historia, dado a que se encontraba viviendo en Chile por varios años y había adaptado este orden de nombres. 

viernes, 9 de febrero de 2024

El historial asesino de Manuel Tapia Vargas, triple homicida a los 18 años

Este artículo ha sido adquirido, escaneado, transcrito y subido a este blog para fines de archivo textual y fotográfico, sin intención de derechos de autor, por lo cual la publicación no ha sido modificada, aparte de unas correcciones ortográficas menores. Cuenta la historia de Manuel Tapia Vargas, el asesino en serie más joven de la historia de Chile, asesinando a tres personas, entre ellas un ex Carabinero y un ex detective, solo a los 18 años. 

Fuente: Artículo, "Triple asesino a los 18 años", de la revista Vea, edición N° 1.600, publicada el 29 de enero de 1970, páginas 16-17. Texto de Osvaldo Murray Quiroz. Fotos de Francisco de Silvestri Díaz

Triple asesino a los 18 años

    Mide apenas un metro 60. El pelo desgreñado, la ropa en desorden. El agua no corre con frecuencia por su cara. Un policía dijo de él que era apenas un pelusón tirado a grande. Pero este muchacho, que recién se empina en los 18 años de edad, es el autor de dos asesinatos y coautor de un tercero.

Tiene 18 años
    Vivía a salto de mata y su reino era la estación Mapocho, un barrio de gente apresurada en el día y de noctámbulos de noche. Un barrio donde las bocas pintadas recorren incesantes desde el anochecer en busca del cliente que ha de requerir sus servicios. Un barrio en que todos son bravos o, por lo menos, lo parecen. Forma parte del submundo del hampa, nadie sabe como se llama, todos le dicen el "Loco Manuel". El apodo se lo ganó por su decisión para acometer cualquier empresa, así sea el matar a alguien. Sus compañeros de fechorías le auguraban un gran porvenir entre la delincuencia. Y ese augurio se está cumpliendo. El "Loco Manuel" - Manuel Segundo Tapia Vargas - entró a la cárcel por la puerta ancha del crimen. Su entrada al penal estuvo aureolada con el cartel de los guapos: Tres asesinatos, que es mucho más de lo que se puede exigir para codearse con los "grandes". Lo vi llegar a General Mackenna hecho un guiñapo. Días después, presentado a los reporteros gráficos, mostró sus hechuras. Se puso de pie, los miró desafiante y posó con guapeza. 

    En el hampa, a los delincuentes que se dedican al "lanzazo" (robar carteras desde los bolsillos) los califican como los "livianos", tanto por la suavidad de la operación como porque, generalmente, son hombres que no atacan a su victima. Pero el "Loco Manuel" era la excepción que confirma la regla. Lanza y escapero, eran sus especialidades. Y por ello la policía no lo molestaba cuando se pesquisaba algún crimen en el sector Mapocho. Pero un día los investigadores de la Brigada de Homicidios cayeron en la cuenta que en un reducido sector de dos cuadras se habían cometido tres asesinatos en poco menos de dos años, tres asesinatos sin autor.

    La razzia policíaca se hizo la semana pasada en contra de los "livianos". Y los hombres que coman- da el inspector Pedro Espinoza Valdés dieron en el clavo.

El primer crimen

    La noche del 23 de febrero de 1968 el jubilado de Carabineros Avelino Fuentes Muñoz se tomaba el trago del estribo en el restaurante "Hércules", ubicado en la bohemia calle Bandera, a una cuadra de Mapocho. Terminado su trago, el ex carabinero pagó su consumo con un billete de 50 escudos. Recibió de vuelto cuatro billetes de diez mil pesos. En la puerta del negocio se encontraba el "Loco Manuel", que observaba a la clientela, a la espera de algún ebrio para robarle el dinero.

    El delincuente vio cómo Avelino Fuentes se retiraba con paso inseguro y lo esperó en la calle. La futura victima encaminó sus pasos hacia la calle San Pablo, sin saber que a sus espaldas le seguía el lanza. Fuentes dobló por San Pablo y frente al número 968 fue alcanzado por el "Loco Manuel". Este se había hecho acompañar por un pelusita de 14 años, apodado el "Chaguito". Los dos ladrones se acercaron al jubilado y mientras el "Chaguito" le sujetaba los brazos, el "Loco" le metió la mano al bolsillo en que le había visto guardar el dinero del vuelto. Pero el ex policía, pese a sus 70 años, reaccionó con presteza y tomó al ladrón por el cuello de la camisa.

    Al verse capturado, el delincuente sacó una cortaplumas de su bolsillo y sin mirar para atrás (estaba de espaldas a su victima) lanzó dos golpes rápidos. El arma se clavó en la región precordial de Avelino Fuentes, el que cayó pesadamente al suelo.

    Cometido el asesinato, el "Loco Manuel" se dedicó a vaciar los bolsillos del anciano, tarea en la que fue ayudado por un tercer lanza, Amelio Segundo Ortiz Segura - alias "El Zapatilla"- presenciado la escena. El cadáver fue despojado de que había su reloj pulsera y de la suma de cien escudos, que se repartieron como buitres, al lado de la víctima, que se desangraba rápidamente. Hecho el reparto se dieron a la fuga. El lanzazo se había convertido en cogoteo y asesinato.

La muerte del ex detective

    Comenzaba la madrugada del 11 de julio de 1969. La noche era fría y lluviosa. Hasta el café Santiago llegó un ex funcionario de Investigaciones, llamado Lautaro Bravo Núñez. Bravo era hijo de un inspector del servicio y había seguido la carrera de su padre. Pero dicen que nunca segundas partes fueron buenas y Lautaro Bravo, viviendo en el ambiente sórdido del hampa, se hizo delincuente. Una noche, el tristemente célebre "Zapatita" Farfán asesinó a balazos a un rival en amores y delitos. En la investigación salió a relucir el hecho poco grato para los detectives: Farfán andaba acompañado de Lautaro Bravo en el momento del crimen. Hasta allí llegó la carrera del policía y salió del servicio en forma deshonrosa. Había rebasado el margen de lo permisible. Y Lautaro Bravo se pasó a la trinchera enemiga sin vacilación alguna, es decir, se pasó oficialmente, puesto que ya hacia mucho tiempo que su placa de policía la usaba en ciertas maniobras poco limpias. Bravo comenzó a vivir una existencia preñada de odios y peligros Sus nuevos compañeros no olvidaron nunca que había sido uno de los odiados "tiras". Y éstos tampoco se olvidaron muy fácilmente que Bravo había sido policía y ahora estaba en el campo contrario. Por ello, cada vez que lo encontraban en pasos sospechosos, lo llevaban detenido. En buenas cuentas, no estaba bien ni con Dios ni con el Diablo.

    Sabedor que su pellejo no valía mucho, Lautaro Bravo no se despegaba de su pistola. Para sus nuevos "colegas" (los hampones), el arma era un seguro de vida, pero para sus ex colegas (los detectives) el arma era mal vista. Por tal causa cada vez que Bravo llegaba a algún negocio a beber, lo primero que hacía era entregar su arma al garzón.

    La noche del 11 de julio, Bravo llegó hasta el café Santiago, ubicado en calle General Mackenna 1030, a media cuadra del cuartel central de Investigaciones. Como era su costumbre, sacó el arma y se la entregó al mozo que le atendió. Se encontraba bebiendo cuando hizo su entrada un delincuente llamado Marcos Cáceres Retamales, pero más conocido como "El Crespo". Divisó a Bravo y se acercó a pedirle dinero. Lo hizo de muy mala forma, porque Bravo lo recibió a garabatos y ambos se enzarzaron en una agria disputa. Finalmente, el clásico desafío.

    "El Crespo" salló primero y Bravo aprovechó la coyuntura para pedirle su arma al garzón. No hubo palabras, tendió la mano abierta y el mozo le puso la pistola entre los dedos. Cuando llegó a la puerta, el ex detective observó que "El Crespo" estaba acompañado de varios otros delincuentes. Viéndose en inferioridad, hizo un disparo al aire, sobre las cabezas de quienes le esperaban, para amedrentarlos. Pero no contó con la astucia de su rival. Este se había hecho asesorar por el "Loco Manuel", el que surgiendo de un lado de la puerta le dio un golpe en la cabeza a Bravo con un palo. Entretanto, El Crespo" sacaba una cortaplumas. El ex policía salió a la calle para repeler el ataque y recibió un segundo palo en la mano que sostenía el arma, propinado ahora por Luis Pulgar; Al mismo tiempo, el "Crespo" le clavaba la cuchilla en el pecho. Acto seguido, el "Crespo" recogió la pistola y disparó sobre Lautaro Bravo, casi a boca de jarro.

    Días después del asesinato de Bravo, el "Crespo" se entregó al Juzgado y contó que él solo había muerto al ex policía porque éste lo extorsionaba. Pero la detención de "El Loco" Manuel puso las cosas en claro. Y vino el tercer crimen. A las seis de la madrugada del 6 de diciembre último, los obreros Luis Lamadrid Molina y Juan Barra Martinez salieron del café Santiago. En la puerta un grupo de pelusas, entre los que se contaba  el "Loco". Este vestía ajustado pantalón y Lamadrid le dio un agarrón en las nalgas, motejándolo de invertido.

    El "Loco Manuel" lo siguió en compañía del lanza y cogotero Moisés Mora Fuentes para vengar la ofensa. Los alcanzaron frente a la estación Mapocho y mientras el "Loco" asesinaba de una sola puñalada a Lamadrid, Mora dejaba gravemente herido a Barra. Luego huyeron, sin robarles nada.

    Con este tercer crimen, el "Loco" Manuel había conquistado su cartel de guapo. También conquistó una celda en la penitenciaría, donde tendrá a lo menos 20 años y un día para meditar.


Avelino Fuentes Muñoz, un jubilado de Carabineros, de 70 años de edad. 
Se resistió al "lanzazo" y recibió dos puñaladas.

El "Indio Pulgar", tan mala hierba como el "Loco Manuel". Ayudó a matar a Bravo.


Manuel Segundo Tapia Vargas
El "Loco Manuel"



Talquino demente asesinó a cuatro personas con rocas antes de ser abatido por Carabineros

Fuente: Artículo, " Demencial matanza colectiva ", de la revista Vea, edición N° 1.814, publicada el 18 de abril de 1974, páginas ...